Luz María Nieto Caraveo
Profesora de la UASLP
, México
En lugar de estar haciendo lo que debería hoy domingo (tengo otro trabajo pendiente) heme aquí escribiendo para AmbientalMéxico, sólo porque me capturó el debate que ya tiene varios textos publicados en La Jornada
desde que se difundió la Sexta Declaración de la Selva Lacandona
en junio de 2005:
- Al parecer, la discusión comenzó con las ideas que Víctor Toledo planteó en su artículo del 18 de julio El zapatismo rebasado. Sustentabilidad, resistencias indígenas y neoliberalismo
. Víctor dice, entre otras cosas, que le sorprende que la Sexta Declaración de la Selva Lacandona «no haga una sola referencia a las miles de comunidades indígenas volcadas a la búsqueda de la sustentabilidad.» - Más adelante, en “Un pingüino en la selva Lacandona” ( Parte I
, del 23 de julio; Parte II
del 24), un texto donde se refiere a las críticas recibidas por la Sexta Declaración además de contar la historia del pollo venido a pingüino, el Subcomandante Marcos descarta responder directamente a la crítica de Toledo por considerarla deshonesta. Explica que él si hizo referencia a las comunidades mencionadas y que Víctor, como otras personas, editó el texto de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona «para que diga lo que quieren que diga.» - Varios días después, el 4 de agosto, Sergio Zermeño publica Un mundo donde… ¿caben otros?
y dice que el comentario de Marcos al texto de Víctor Toledo fue “fulminante” por llamarlo “deshonesto” y concluye su artículo con una pregunta ¿Por qué no ser más incluyentes y abrir la discusión sin descalificativos? - En su artículo de hoy domingo, titulado Zapatismo y sustentabilidad
, Neil Harvey dice, entre otras cosas, que «Si en toda esta discusión hay un adjetivo severo y descalificador es el término “rebasado”, el cual emplea el mismo Toledo para describir al zapatismo.»
Además de las anécdotas y de los adjetivos utilizados, los textos de Toledo, Marcos, Zermeño y Harvey contienen argumentaciones que permiten analizar las diferentes posiciones desde las que se aborda el tema de la gestión de los recursos naturales y la sustentabilidad. Para mí esto es importante por varias razones. Una de ellas es que la semana próxima comenzamos el curso de Desarrollo Sustentable
, donde buscamos analizar críticamente los discursos dominantes del desarrollo sustentable, así como los conceptos y propuestas que están emergiendo en los discursos alternativos, ya sea desde la noción de sostenibilidad o desde otras nociones. Como veremos más adelante, este debate puede verse como discursos en competencia por ganar la lógica desde la cual se interpreta y transforma la realidad. Claro, aquí hay que aclarar que “discurso” se refiere al tipo de lenguaje que guía nuestras prácticas y acciones, no a una “expresión” superficial de ideas, como suele entenderse comúnmente.
Considero que el debate mencionado es “oro molido” para ese propósito, así que me atreveré a proponer una posible lectura, sin dejar de reconocer que puede haber otras como la que comenta Francisco Chapela
en el grupo de COINBIO.
El debate: La búsqueda de la sustentabilidad y la lucha por la gestión de los recursos naturales
Primeramente, habría que contextualizar la afirmación de Víctor Toledo que cité antes, tomando en cuenta que en su artículo él retoma la selección de experiencias que Sergio Zermeño describe en su libro La desmodernidad mexicana
, para marcar la diferencia entre «las dos modalidades de resistencia no sólo rural, sino indígena, que existen en México frente al neoliberalismo: la impulsada por el EZLN mediante los caracoles, y la miríada de experiencias de corte “ecológico” que desde hace más de dos décadas se multiplican por todo el país». Según Víctor, estas experiencias, han alcanzado las mismas metas de «la lucha por la libertad, la democracia y la justicia» del EZLN y además agregan esfuerzos por «el control del territorio, los recursos naturales, la producción, el conocimiento, la tecnología, la gestión, la educación y la cultura. »
Toledo afirma que estas otras experiencias de resistencia no trazan una frontera infranqueable a las fuerzas y agentes externos, que confían más en su poder de autoorganización y que han sido más exitosas «en su empeño por controlar los efectos de la globalización neoliberal.» Cabe destacar que Víctor Toledo tiene muchos años defendiendo la tesis de que hay un movimiento político silencioso en México, ligado a reivindicaciones ecológicas con una perspectiva social y cultural, desde la ecología política (Ver por ejemplo: Latinoamérica: crisis de civilización y ecología política
, publicado en La Gaceta Ecológica de la Semarnat en 1992)
En el artículo de La Jornada, Víctor argumenta que el zapatismo está rebasado porque:
- la Sexta Declaración no menciona ni convoca a esas otras experiencias de resistencia indígena silenciosa, o bien no parecen percatarse de su existencia.
- la Sexta Declaración no toma «como referente central el mundo de la naturaleza, no obstante que en la cosmovisión mesoamericana es prácticamente imposible visualizar toda lucha social y toda resistencia cultural sin los elementos naturales. La tierra, el maíz, el monte y sus deidades, los ciclos agrícolas, los huertos, los jardines de café, la flora y la fauna, los manantiales y los ríos son siempre aliados materiales y espirituales de toda lucha indígena, fenómeno que nutre de manera permanente las experiencias indígenas de sustentabilidad.»
- el zapatismo mantiene su indefinición entre ser un movimiento social con referentes territoriales definidos (donde concretar sus propuestas) o parecerse a un partido político por sus objetivos, alianzas y reivindicaciones políticas meta-territoriales (más allá de un territorio concreto).
El primer punto es el único al que Marcos se refirió en su texto, antes de dejar de lado las demás críticas de Toledo. Es evidente que en ese punto Víctor cuestionó que la Sexta Declaración omita referirse explícitamente a las comunidades que no siguen las estrategias zapatistas, pero que sí han asumido la noción de sustentabilidad (en sus perspectivas ambiental, social, política, económica y cultural) como articuladoras de sus luchas.
Sin embargo, si bien es cierto que si leemos la Sexta Declaración, no encontraremos ninguna referencia explícita al concepto de sustentabilidad o sostenibilidad; también es cierto que en el Capítulo IV, entre «todo este desbarajuste que están haciendo los neoliberalistas, hay mexicanos y mexicanas que se organizan y hacen lucha de resistencia» se encuentran mencionados los indígenas «que sus tierras están retiradas de aquí de Chiapas, y que hacen su autonomía y defienden su cultura y cuidan la tierra, los bosques, el agua.»
Los demás puntos de la crítica de Víctor Toledo no recibe ningún comentario explícito de Marcos, así que nos deja con la duda de si está de acuerdo con Víctor respecto a la cosmovisión mesoamericana y su referente central del mundo de la naturaleza, o si considera que para ello es suficiente mencionar la tierra, los bosques, el agua, el petróleo y los recursos naturales, por aquí y por allá, en la Sexta Declaración. Tampoco nos aclara su opinión sobre la meta-territorialidad del zapatismo.
Regresando a la parte anecdótica, haré un paréntesis para introducir una pequeña aclaración formal, ya que de ella emanan las razones de Marcos para dejar de lado esas críticas de Toledo. Víctor dice que la Sexta Declaración no hace una sola referencia a esas luchas alternativas y silenciosas. Como ya vimos, si hay una referencia, en el Capítulo IV. Por su parte, Marcos acusa a Toledo de haber editado “la Sexta” y esto tampoco es cierto, porque la cita fue tomada textualmente, sin alteración. En todo caso, lo más que hubo es una omisión por parte de Víctor al no haber tomado en cuenta esas 33 palabras de la sección IV entre las 11,665 palabras de que consta la declaración, utilizando una frase tan contundente como «no haga una sola referencia». Una hipótesis que me atrevo a plantear es que se podría tratar de un error, desde el punto de vista “técnico”. Si así fuera, al parecer es un error muy difícil de comprender para Marcos y de reconocer para Víctor. Sin embargo, como veremos más adelante, la discusión va mucho más allá de eso.
Sergio Zermeño, por su parte, hace un recuento de varias ocasiones en que el EZLN, a través de Marcos, ha descalificado «empleando en ocasiones adjetivos muy severos, las ideas e iniciativas que son aceptables y las que no.» Entre otras, menciona la forma reprobatoria en que se expresó del Frente Sindical, Campesino, Indígena y Popular, así como de la respuesta a Víctor Toledo. Zermeño opina que la furia de la respuesta de Marcos se debió a que Víctor señaló que «creía más en un zapatismo silencioso, fuera de las cámaras y los reflectores, el que ustedes han venido desarrollando en los caracoles y el que se ha venido desarrollando calladamente en tantos espacios locales-regionales del país.»
Además, refiriéndose al asunto de la territorialidad del movimiento, dice: «Pueden Toledo, muchas otras personas y quien esto escribe estar equivocados, pero la verdad es que en un análisis de contenido de todos los escritos que el zapatismo envía a México hay muy pocos párrafos explicando el asunto de lo local-regional y de la enorme riqueza que está implicada en los caracoles.»
Estoy de acuerdo con Sergio en que la crítica de Víctor no se borra con un adjetivo descalificador, sobre todo porque, como ya dije, Marcos la descartó por considerar que había un recorte deshonesto, sin aportar argumentos más allá del dato sobre los lugares donde la Sexta Declaración menciona otras luchas alternativas.
En este punto difiero de la opinión de Neil Harvey, quien en su artículo de hoy (domingo 14 de agosto) opina que la respuesta de Marcos no tuvo como propósito descalificar, sino defenderse de una lectura errónea. A mí me parece que sí hay descalificación cuando Marcos decide «dejar de lado» cierto tipo de críticas, sin argumentar todos sus puntos centrales y yéndose sólo a aquel que le permite esgrimir una acusación, en lugar de un argumento. Marcos dice claramente «También quedan a un lado las críticas deshonestas», por lo tanto, utiliza el adjetivo para descartar una respuesta puntual. No veo mejor forma de definir una descalificación.
Sin embargo, lo más interesante del análisis de Harvey es que se centra en marcar las diferencias en cuanto a la ideología y las estrategias de lucha.
Harvey retoma algunas ideas que Toledo plantea en su libro La paz en Chiapas: ecología, cultura indígena y modernidad alternativa
, editado en 2000. Reproduce varias citas donde Toledo propone los servicios ambientales o la captura de carbono como parte de las alternativas que tienen las comunidades indígenas, así como las posibilidades de aprovechamiento de varias iniciativas del sector empresarial interesado en apoyar el desarrollo equitativo y sustentable. Frente a este argumento, Harvey marca su posición: «Las luchas por la sustentabilidad son muy valiosas, pero hay que ver si terminan facilitando la privatización de los recursos naturales, mediante contratos de acceso controlados por organizaciones sociales y si la distribución de los beneficios y costos es realmente equitativa.»
Con ello, Harvey da a entender que las propuestas de Toledo (aquellas que no se cierran a fuerzas y agentes externos), aún cuando buscan la equidad, no cuestionan el sistema capitalista imperante «Cómo pueden ser equitativas las relaciones comerciales o laborales en un sistema que sigue siendo capitalista? Los zapatistas piensan que el capitalismo no da para tal equidad y, por lo tanto, vuelven a plantear la necesidad de un programa nacional de izquierda, construida desde las comunidades indígenas, pero también desde las organizaciones y experiencias de otros sectores y personas.»
Desde el punto de vista de las estrategias, Harvey dice que «Lo que Toledo llama el “otro zapatismo” no es zapatismo. Es “capitalismo ecológico neoliberal”. En consecuencia hay que tener especial cuidado para que el gran esfuerzo invertido por las comunidades indígenas en sus luchas por la defensa de sus recursos naturales sirva al empoderamiento de todos sus miembros en todos los sentidos, y que no termine beneficiando a unos a costa de otros en alianza con las nuevas modalidades del neoliberalismo».
Si bien estoy de acuerdo con las advertencias y cuestionamientos básicos de Harvey, no lo estoy con la reducción que hace del pensamiento y propuestas de Víctor Toledo al ubicarlas como «capitalismo ecológico neoliberal» por el hecho de que incluye los servicios ambientales, la captura de carbono y la posibilidad de establecer alianzas con el sector empresarial entre muchas otras propuestas. Víctor también ha reconocido y comentado la complejidad de éstas y otras propuestas alternativas existentes desde la noción de sustentabilidad. Yo ubicaría el pensamiento de Víctor en el terreno de la ecología político-social, que no por ser diferente a la del zapatismo puede considerarse neoliberal. Se trata de otro discurso alternativo sobre la sustentabilidad y no forma parte del discurso dominante del “desarrollo sustentable” del que habla Enrique Leff en su artículo Globalización, Racionalidad Ambiental y Desarrollo Sustentable
o al que se refiere Guillermo Foladori en su artículo Controversias sobre sustentabilidad
cuando se refiere a la sustentabilidad planteada sólo desde el punto de vista ecológico, que caracteriza al ambientalismo moderado (ver también reseña del libro del mismo nombre
).
¿Competencia entre discursos alternativos sobre la gestión de los recursos naturales?
A mí me parece que una de las cosas que están ocurriendo, es que si bien el zapatismo plantea en la Sexta Declaración su propósito de establecer un diálogo con diversos sectores y actores de las luchas alternativas, no parece dispuesto a incorporar a los otros discursos alternativos en su análisis. Tanto el discurso de la sustentabilidad que Víctor Toledo ha contribuido a construir, como el discurso zapatista, tienen mucho que decir sobre la gestión de los recursos naturales. ¿Habrá posibilidades de diálogo? ¿Si las propuestas no son similares discursivamente, deben rechazarse como excluyentes?
Por ejemplo: ¿En qué medida las luchas alternativas por la tierra, el agua, los bosques y la energía, por la emancipación y la autonomía de la gestión de los recursos y el territorio, se pueden considerar como luchas por la sustentabilidad social, política, económica y ambiental? ¿Cuál es el aporte de las nociones de sustentabilidad frente a las pérdidas históricas de las comunidades indígenas o frente a los embates del neoliberalismo a las condiciones de vida de las comunidades? ¿Qué propuestas plantean ambos discursos para la gestión de los recursos naturales o de las ciudades? ¿Y para la emancipación social y comunitaria? ¿Qué relación tienen las interrogantes y respuestas que se plantean desde la noción de sustentabilidad, con el zapatismo y sus reivindicaciones?
Si utilizamos los conceptos que proponen Danuta Teresa Mozejko y Ricardo Leonel Costa, en su artículo La circulación de discursos
, veremos que el asunto de citar o no citar, de descalificar o no descalificar, va mucho más allá de lo anecdótico y tiene estrecha relación con la competencia discursiva:
«Las citas explícitas, ya sea para adherir a ellas o refutarlas, los silencios o exclusiones, la incorporación de rasgos propios de otras formaciones discursivas, la adopción de ciertos ideologemas (por ejemplo, la manera de plantear la relación pueblo-elite), constituyen tomas de posición susceptibles de aumentar la probabilidad de que el propio discurso se imponga, sea aceptado.
En ese mismo artículo los autores concluyen, entre otras cosas, que:
«* La circulación de discursos responde a mecanismos que encuentran su principio de definición y funcionamiento en el agente social cuya identidad social se construye como competencia. Este concepto de competencia incorpora, entre otras, dos dimensiones importantes:
Dado que no soy experta en ninguno de los temas que he comentado aquí, ni creo tener la razón absoluta en este atrevimiento dominguero, pienso que vale la pena seguir este debate en términos de discursos en competencia (y ojalá también en diálogo) , en un mundo donde nos urgen los planteamientos alternativos, su análisis y su puesta en práctica. Como suele suceder en estos casos, un buen debate nos ayuda a definir posiciones, clarificar convicciones y compromisos que más adelante guiarán nuestras prácticas y quehaceres.
Para finalizar retomo, en completo acuerdo, la conclusión del artículo de Harvey: «La otra campaña debe ser un espacio para debatir este tipo de problemas con el fin de aclarar cuáles son las consecuencias sociales, políticas y ecológicas de las diferentes estrategias de lucha contra las viejas y nuevas expresiones del neoliberalismo. Y claro, debe ser un debate incluyente, sin descalificativos, pero con argumentos serios, honestos y abiertos a su revisión y mejoramiento. ¿No será eso una nueva forma de hacer política?».
Además, como dijo Zermeño «muchos trataremos de participar en las discusiones sin miedo a la rechifla y sin saber bien si somos los enemigos o los amigos del pueblo.»
Luz María Nieto Caraveo
Profesora de la UASLP
San Luis Potosí, México. Domingo 14 de agosto de 2005
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